Reseñas
Reseña de Después del trabajo. Una historia del hogar y la lucha por el tiempo libre de Helen Hester y Nick Srnicek, M. Gonnet (trad.), Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Caja Negra, 2024
Hester, filósofa y tecnofeminista, es reconocida por sus estudios sobre la reproducción social, las tecnologías digitales y el futuro del trabajo, siendo una voz clave en los debates sobre cómo la tecnología puede ser utilizada para fines emancipatorios. Por su parte, Srnicek, economista digital, se especializa en el capitalismo de plataformas, la inteligencia artificial y las implicaciones de la automatización para el futuro del trabajo. Ambos son autores de "Después del trabajo. Una historia del hogar y la lucha por el tiempo libre" (2024) nos invitan a una profunda reflexión sociológica sobre uno de los conceptos más elusivos de nuestro tiempo: el tiempo libre. A lo largo de seis capítulos estratégicamente organizados –Introducción, Tecnologías, Estándares, Familias, Espacios y Después del Trabajo–, los autores despliegan un ensayo que no solo cuestiona la viabilidad de la existencia del tiempo libre en el actual sistema capitalista, sino que, de manera más audaz, ensaya respuestas sobre una posible reorganización social que lo haga accesible para todos. La pregunta central, "¿qué hacer con el tiempo libre?", es inmediatamente confrontada con la cruda realidad de que, para vastas mayorías, la posesión de dicho tiempo sigue siendo una imposibilidad, una paradoja en un contexto de intensificación, precarización laboral y exigencias constantes.
El acierto fundamental de los autores reside en su ingenioso desplazamiento de un debate histórico (quiénes, cómo y cuánto trabajan) al posicionar el tiempo libre como tópico central. A partir de esta perspectiva renovada, Hester y Srnicek habilitan un espacio crucial para revitalizar discusiones que, en ciertos ámbitos, podrían parecer caducas o perimidas, inyectándoles una pertinencia y urgencia contemporáneas.
Un acierto fundamental de Hester y Srnicek radica en su decidida apuesta por una perspectiva histórica para desnaturalizar las tareas de reproducción social. Contrario a la percepción común de que labores como la limpieza, la cocina, el aseo personal o el cuidado de personas dependientes (infancias, vejeces, personas enfermas) son inherentemente privadas, femeninas o "naturales", los autores recuperan datos y ejemplos históricos que demuestran su evolución y su compleja interconexión con las estructuras socioeconómicas dominantes. Exhiben cómo el capitalismo, a lo largo de su desarrollo, ha internalizado y, en gran medida, feminizado estas labores, relegándolas al ámbito doméstico y vaciándolas de valor monetario y simbólico. Sin embargo, son estas actividades las que sostienen y dinamizan muchas otras actividades tanto en el orden social como personal, y los autores logran iluminar las opacidades de la distribución social de estas tareas y responsabilidades reproductivas a nivel colectivo. Este abordaje permite comprender que la forma actual en que se distribuyen estas cargas no es el resultado de una necesidad inmutable, sino de procesos históricos y políticos específicos que han consolidado un modelo particular de hogar y familia como unidad de producción y reproducción de la fuerza de trabajo. La "historia del hogar" que proponen no es meramente anecdótica y emotiva; es una genealogía crítica que revela cómo las tecnologías, los estándares de vida y las configuraciones vinculares familiares han sido moldeadas para servir a los imperativos del capital, consolidando así la prisión temporal que hoy experimentamos.
Los autores profundizan en la paradoja del "tiempo libre" dentro de una vida capitalista que impone una constante falta de libertad e individualismo, especialmente en el ámbito de la reproducción social. La promesa del capitalismo de liberación a través del consumo y la eficiencia tecnológica se muestra como una trampa: mientras más "avanzamos" en la automatización del hogar, más se elevan los estándares de lo que se considera "limpio", "saludable" o "bien cuidado", así también aumentan las cargas de trabajo no remunerado e invisible. De hecho, Hester y Srnicek demuestran cómo ciertos avances son una máscara porque la sobrecarga recae otra vez no solo en mujeres, sino también en amigos, familias y diversas organizaciones sociales. El individualismo, por su parte, desdibuja la naturaleza social del cuidado, presentándose como una responsabilidad personal y aislada, lo que intensifica la carga sobre quienes lo asumen. Este enfoque provoca mirar con detenimiento los mecanismos y estrategias para sostener un estilo de vida hiperindividualizado y sin red, llevando a un estado donde, es una utopía hablar de perspectivas de postrabajo si no se cuestiona quién realiza estas tareas y cómo se valoran social y políticamente. Los autores argumentan que la noción de tiempo libre se convierte en un lujo inalcanzable para muchos precisamente porque el sistema está diseñado para extraer el máximo valor del tiempo humano, ya sea en el ámbito productivo y/o reproductivo. Esta sistematicidad programada genera una sensación asfixiante en la trama social, donde el interjuego de trabajo reproductivo/productivo se convierte en una presión constante para mantener una vida vivible. De esta forma, exponen con sencillez la elocuente maniobra de unos pocos para beneficio exclusivo de esos pocos.
Un matiz crucial en la propuesta de Hester y Srnicek es su visión del "postrabajo". Lejos de abogar por la abolición total de todas las labores, reconocen que las tareas de cuidado y reproducción social son inherentes a la existencia humana y no desaparecerán en ningún escenario ni presente ni futuro. Su planteamiento aboga por su radical reorganización. El "postrabajo" que postulan implica una desvinculación de la obligatoriedad y la precarización que el capitalismo impone sobre estas actividades, buscando transformarlas en labores colectivas, valoradas y distribuidas equitativamente. La utopía no es la ausencia de trabajo, sino la posibilidad de liberarse de la explotación y la coerción temporal, permitiendo que el tiempo humano se dedique a actividades significativas, tanto reproductivas como de ocio, elegidas libremente y sin la presión de la supervivencia.
Para materializar esta reorganización, proponen principios fundamentales que resuenan con debates contemporáneos sobre la justicia social y económica:
Si bien el análisis de Hester y Srnicek se sitúa mayormente desde la perspectiva de países del Norte global, su crítica no ignora las persistentes desigualdades sociales y estructurales patriarcales que permean el sistema. Los autores son agudos al señalar cómo las normas sociales siguen moldeando las individualidades y las formas colectivas de trabajo, familia y tiempo libre, incluso en contextos de relativa prosperidad. Reconocen que las cargas de la reproducción social recaen desproporcionadamente en mujeres, personas racializadas y clases bajas, evidenciando que cualquier propuesta de "postrabajo" debe ser intrínsecamente interseccional y abordar estas asimetrías de poder. Su visión, aunque utópica, es profundamente pragmática en su reconocimiento de los obstáculos inherentes a una transformación radical.
En conclusión, esta obra es una intervención crucial en los debates sobre el futuro del trabajo y la organización social. Lejos de ofrecer soluciones simplistas, el libro provoca a los lectores a reimaginar la relación entre el trabajo, el cuidado y el ocio, desmantelando preconcepciones arraigadas. Su llamado a un "cuidado comunal", un "lujo público" y la "soberanía temporal" no es solo una visión de lo que podría ser, sino una hoja de ruta para una sociedad más justa donde el tiempo libre no sea un privilegio, sino un derecho universal. Es una clara invitación a la reflexión sobre la responsabilidad colectiva para construir un futuro donde la vida no esté definida exclusivamente por la labor asalariada ni las imposiciones sociohistóricas.
Publicación: 01 abril 2026